Los 20+ libros del 2020

1. January 2021 § Leave a comment

¡Feliz 2021! El 2020 ha sido un año diferente. La pandemia ha favorecido actitudes de retrospección, de más tiempo para la lectura y de descubrir autores y textos desconocidos. Por esta misma razón ha permitido realizar exploración y descubrimientos de nuevas ramas de la literatura de ficción y no ficción. Hay algunos que sin duda han abierto nuevas rutas y construido nuevas ideas.

Luego de una grandiosa conversación telefónica con Peter P., dejémoslo en el leve anonimato, quien me ha exhortado a contar un poco sobre mis lecturas de este año, presento mi selección de los 20+ libros favoritos encontrados. Algunos leídos, otros ojeados (me habría gustado haber tenido el tiempo suficiente para leerlos todos).  Del volumen de nuevos escritos que han desbordado mi capacidad de lectura, espero poder encontrar en 2021 un equilibrio entre lo disponible y lo relevante.

A grandes rasgos, en este año culminante recorrí varias épocas históricas, estudié algunas corrientes filosóficas, me introduje en novelas del periodos del romanticismo (reconociendo que es uno de mis periodos de la literatura, la música y el arte favoritos), en novelas japonesas, exploré doctrinas religiosas. En cada una de estas ramas hay libros leídos, aún no terminados y por leer. Les dejo mis impresiones respecto a cada uno de estos y para los no terminados, lo que pienso que van a ser:  

Leídos (12)

El cielo es azul, la tierra blanca – Hiromi Kawakami

Fabulosa y brillante novela escrita casi en forma de Haikus (para mi le da un valor literario altísimo) que resalta el significado y la atemporalidad relativa necesaria para la construcción del amor entre dos personas. La historia que se construye dentro de la cotidianidad de la sociedad japonesa de finales del siglo 20 y que enlaza las vidas de dos personas comunes y corrientes (un poco enviando el mensaje: “esto le puede pasar a usted”) presenta muchas facetas de las relaciones humanas. La tragicomedia de la existencia y sus expresiones en alegrías, tristezas, decepciones y emociones.

El corazón del mundo – Peter Frankopan

Un gran libro introductorio a la historia de la humanidad, que es construida a partir de las rutas comerciales que conectaron oriente y occidente: las rutas de la seda. Frankopan aborda el desarrollo histórico de las sociedades desde una perspectiva menos eurocentrista (a pesar de ser un académico de occidente) y traslada el centro del mundo y el motor de desarrollo hacia oriente. Es una ventana bien narrada hacia la comprensión de la diversidad cultural y riqueza social existente. De este tipo de narrativa hay varios publicados (Sapiens de Harari o el clásico Historia de la Humanidad de Van Loon), pero Frankopan logra integrar el componente social y comercial como aspecto clave que está inmerso en las sociedades actuales. Un libro que dilucida las conexiones socioculturales históricas de toda la humanidad como un todo.

Ps. Su secuela “Las nuevas rutas de la seda” sin dejar de ser un excelente texto, abandona un poco su rigor histórico y se enfoca en posibles conjeturas del futuro próximo basado en su perspectiva académica.

Fuego Persa – Tom Holland

Basándose en las narrativas de Heródoto e inspirado en la estructura de la epopeya griega, Holland logra describir de forma casi interactiva y audiovisual, uno de los posibles puntos de inflexión de la historia de la humanidad: las victorias griegas en las Guerras Médicas, que significaron la caída del imperio Persa. Es una rigurosa narración desde la perspectiva griega, donde ellos comienzan a reescribir el futuro de Europa.

Ps. Es claro que la historia la escriben los vencedores. Pero para poder imaginar cómo habría sido la narración de las Guerras Médicas desde la perspectiva persa, lo único que he encontrado hasta ahora ha sido la tragedia de Esquilo “Los Persas”. Para mi tiene dos grandes debilidades: 1) fue escrito por los griegos; 2) no es un documento histórico, sino literario.

The Devil’s Elixirs – E.T.A. Hoffman

Hace mucho no encontraba una novela que pudiera mantenerme enganchado durante tanto tiempo. Imagino a Hoffman carcajeándose mientras escribía esta novela sicológica, en donde la realidad se mezcla con la imaginación de Medardus y se desvanece la línea entre lo claridad y la confusión. Es una novela densa, en el sentido que su construcción concéntrica y circular requiere casi que tener a la mano un árbol genealógico (tipo Cien años de soledad) para orientarse y crear suposiciones sobre el avance de los personajes.

La historia recreada en una época medieval europea es el escenario perfecto para inmiscuir aspectos religiosos, místicos y oscurantistas ante la incertidumbre de reconocer la verdad sobre la imaginación.

Rojo y Negro – Stendahl

A pesar de construir y desarrollar una historia en el típico caso de superación del niño pobre que por sus capacidades se convierte en una figura de la sociedad, Stendahl crea un universo entero repleto de sentimientos, contradicciones y condiciones humanas que permiten en muchos casos verse reflejado en alguno de sus personajes. La novela muestra lo que para algunos significaría el amor verdadero compuesto de pasión, locura y muerte. Sin duda una novela romántica (por el periodo, más que por la historia), muy entretenida de leer y de conocer algunos aspectos de la idiosincracia francesa del siglo 19.

Momo – Michael Ende

Cuentos de niños para un público mayor. Ende recrea en medio de un mundo fantástico e imposible, pero bello y a pesar de todo muy familiar para esta sociedad, la angustia existencial por excelencia de los últimos 40 años: el concepto del tiempo como indicador de éxito. La novela plantea a través de la inocencia infantil, la noción y resultados nocivos de la demanda y compulsión de acelerar los procesos, las actividades cotidianas y las relaciones humanas ante la pérdida inminente y desperdicio del tiempo en acciones diferentes que la respuesta a las exigencias del capitalismo. Una novela para replantearse el valor y el significado verdadero del tiempo.

Prisoners of Geography – Tim Marshall

La tesis del desarrollo determinístico (determinado por localización geográfica) presenta aspectos frente al por qué algunas sociedades se han desarrollado más que otras y cómo desde su ubicación geográfica se han visto favorecidas para el florecimiento cultural, económico y social. Creo que el libro se centra mucho en esta tesis y lo hace bastante inflexible ante variables socioeconómicas y culturales más “blandas”.

La venganza de la geografía – Robert Kaplan

Se forma similar al libro de Marshall, Kaplan expone algunas características desarrolladas por algunas regiones globales, a partir de su ubicación geográfica. De forma más orgánica que Marshall, el libro contextualiza históricamente tensiones globales y posibles escenarios de conflicto en el futuro cercano. El gran valor de este libro para mi fue haber identificado el centro geopolítico global del siglo 21; que no es ni Estados Unidos, ni China. Es el Polo Norte…

Siddhartha – Hermann Hesse

Siddhartha narra la historia del proceso de iluminación del Buda, vista desde una perspectiva generalista y predictiva pero muy poética. El libro está cargado de frases lindas y de múltiple interpretación y en algunos momentos sentí estar leyendo a un Paulo Coehlo alemán de la primera mitad del siglo XX. Es un libro que se disfruta y recrea una historia ideal de la ruta caminada por el Buda.

Tiempo para la vida – Jorge Reichmann

Este ensayo es un complemento para el Momo de Ende. Escrito con una postura mucho más científica y periodística, Reichmann presenta la percepción del tiempo desde una temática más racionalista, pero sin dejar a un lado el discurso filosófico y artístico del valor del tiempo. Es un libro enfocado en los retos que como sociedad estamos enfrentando en la última década y una invitación a replantear los valores con los cuales estamos fundamentando nuestra existencia.

Al sur de la frontera, al oeste del sol – Haruki Murakami

Un poco manteniendo el estilo narrativo y de descripción de la cotidianidad de la sociedad japonesa de finales del siglo 20 de Kawakami, esta novela de Murakami es un agradable viaje en la historia de dos amantes en Tokyo. Sin ser tan intensa y tan bellamente escrita logra crear una atmósfera de tensión frente a la toma de decisiones en la vida.

Ps. Tanto esta como la novela de Kawakami son títulos de canciones, que dentro de la novela se dan a conocer. Me da curiosidad este uso en la literatura japonesa (o fue pura coincidencia?).

The World we have – Thich Nhat Hahn

Un libro que repite sin cansancio, la imperante necesidad de transformar nuestra relación con el medioambiente. Si bien es un mensaje presentado desde los años 70, creo que su valor agregado es la vinculación con la filosofía budista y cómo desde su perspectiva se pueden adoptar algunos cambios personales. A pesar de ser un libro escrito hace ya unos años, es completamente relevante y casi que lectura obligada.

La caída de los gigantes – Ken Follett

Como novela histórica creo que presenta de forma fluida, casi didáctica, los devenires, conflictos y dinámicas creadas antes y durante entre las potencias de la Primera Guerra Mundial. Deja a un lado la estructura académica (como el gran libro de Norman Lowe) y lo introduce a uno a partir de diversos personajes en las tragedia y consecuencias de la “Gran Guerra”.

En proceso (4):

Los nueve libros de la Historia – Heródoto

Siendo el primer documento de narrativa histórica basado en un estudio etnográfico y no en las explicaciones mítico-religiosas sobre los devenires de las guerras y eventos en la Grecia antigua, el libro está dando contexto y un preámbulo a las Guerras Médicas en medio de miles de cuentos anecdóticos y propios de las vivencias locales de la época.

Los Ensayos – Michel de Montaigne

Este texto es un manjar para la mente. Montaigne nació con un espíritu atemporal, trascendente que responde a las grandes cuestiones de los seres humanos. No es un libro para encontrar respuestas, sino para dejar muchas más preguntas. En mucho pasajes del libro, pienso: “está poniendo por escrito muchas ideas que no he logrado sintetizar”.

El río – Wade Davis

Muchas veces solo podemos conocer nuestro país (Colombia) desde las historias de extranjeros. Davis, narra aspectos etnobotánicos y de tradiciones culturales indígenas no solo su propia experiencia sino desde la de su mentor, el profesor Schultes, ocurrida unos 50 años antes que él. Desde una narrativa poética (dicen que el traductor ayudó mucho a que el libro en español esté mejor escrito) y su vasto conocimiento de botánica y rituales, Davis está rescatando el vínculo perdido con la naturaleza y las tradiciones indígenas. ¿Será que me invita nuevamente a tomar Yagé?

Una historia radical del mundo – Neil Faulkner

No sobra revisar la historia de la humanidad desde una perspectiva muy radical (léase marxismo militante). El autor de este libro busca exponer dentro de los grandes eventos y desarrollo de las sociedades modernas, las masas han jugado un papel fundamental. Es decir, el crédito no se lo debe solo llevar los grandes líderes de las potencias mundiales.

Identificados y por leer 😉 (6):

Finalmente, presento libros que tenía pensado leer en 2020, incluidos en mi to-read-list, pero que no alcancé :/. Estos los he ojeado y por eso se quedan en la lista.

Viaje a Persia – Alfred Kavanagh

Puede ser la cereza del pastel de mi pasión por la historia del imperio persa.

Las mil y una noches – Anónimo

Voy a satisfacer mis deseos (gracias al genio de la lámpara) sobre muchas historias, cuentos y fábulas ya conocidas pero no al detalle. Será un complemento para el libro de Heródoto, frente a los cuentos y narraciones inmersas en los saberes populares.

Metamorfosis – Ovidio

¿Qué pensaban y cómo veían el mundo los romanos? Creo que Ovidio dará respuestas.

Metamorfosis (El asno de oro) – Asclepio

Es la única novela completa de la literatura romana imperial.

Meditaciones – Marco Aurelio

¿Podemos rescatar algunos consejos estoicos del emperador y aplicarlos en nuestras vidas?

Lost Enlightenment – Frederik Starr

El libro que narra cómo se forjaron algunos de los puentes entre occidente y oriente, y como se llevó a cabo la transmisión de la cultura y los conocimientos durante épocas oscuras.

Con los pies de nuevo en la tierra

21. March 2020 § Leave a comment

English version below

Estamos viviendo un evento sin precedentes. El coronavirus (COVID-19) es una crisis que está penetrando las esferas económicas, sociales, ambientales e incluso religiosas, a escalas globales. Por primera vez y por más de 100 años, el mundo entero está enfrentando un reto que va a estremecer los cimientos más profundos de la sociedad actual.  A esta altura y con casi 304.000 casos y 13.000 muertes, pasa a un segundo plano si el origen de esta pandemia fue causado por el contacto con especies exóticas en los mercados chinos, si fue el resultado de la sobreexplotación de zonas naturales con enfermedades no conocidas o si fue un ejercicio geopolítico voluntario para desestabilizar la economía mundial.  En este punto, lo importante (y más grave) es que el COVID-19 se encuentra expandiendo a ritmos exponenciales y continúa afectando un gran número de personas.  

La propagación inevitable del virus COVID-19 es un riesgo de salud pública global y sumando la incertidumbre del torrencial número de muertos que posiblemente habrán, se convierte una amenaza directa al status quo del sistema global.  Es decir, a la serie de relaciones interconectadas políticas, sociales, económicas y ambientales bajo una construcción colectiva imaginaria, donde los elementos requieren un flujo permanente de recursos financieros, materiales y energéticos y donde hay ganadores y perdedores.  Por eso el mismo sistema, que en gran medida se ha basado en el paradigma de escasez y necesidad de consumo desmesurado de los recursos naturales, al estar enfocado en la globalización y el comercio internacional facilita la transmisión del virus.  

La presencia del COVID-19 ha hecho una grieta en la base de la estructura social que ha estado en construcción en los últimos 300 años.  Por eso el virus es una amenaza latente y directa al imaginario que al chocar contra un riesgo real y letal, penetra sin temor todas las instancias de nuestra sociedad.  El COVID-19 está exponiendo lo frágil y vulnerable que es nuestro sistema antropocéntrico. Nos ha establecido cuestionamientos sobre el falso y eterno crecimiento económico y sobre lo acertada que es la configuración social que estamos desarrollando para la sostenibilidad de la especie humana y del planeta en general.  

Las industrias, los centros de distribución, de consumo, las comunicaciones y el transporte están considerando parar o ya están parando sus operaciones.  Esto abre cuestionamientos casi existenciales como: ¿y ahora cómo y de qué viviremos? ¿qué pasa si la economía global colapsa?  Esto me acuerda, a los prime movers de la novela La Rebelión de Atlas de Ayn Rand que por su propia codicia deciden entrar en huelga. Algo similar veo que está ocurriendo con este proceso paulatino de desaceleración económica y hace válida la pregunta, ¿y si John Galt decide parar el motor del mundo se convierte en un destructor o en un liberador?

A primera vista tenemos un panorama de confusión, miedo, angustia y desesperanza.  Esto es cierto y será así.  El COVID-19 nos está llevando por un sendero desconocido; el mundo está tomando un rumbo nuevo, del cual no tenemos certeza a donde lidera, ni en qué condiciones se encuentra el camino o qué hay al final.  Sin embargo, al ser el sistema un producto etéreo de las creencias sociales, económicas, religiosas y personales con las cuales se conforma el paradigma social y el imaginario colectivo aceptado, nos estaría abriendo la posibilidad de reinvención y replanteamiento de la sociedad.  Por otro lado, es un campanazo de alerta sobre la aparente robustez y solidez de las sociedades humanas con sus valores y nos insinúa sobre lo que podremos enfrentar en un futuro cercano si no empezamos a cambiar nuestra percepción y relación con la naturaleza y la sociedad misma.  

En esto último, vemos por ejemplo, los primeros efectos en cosas diarias como los cambios de hábitos laborales.  Ahora nuestras relaciones de trabajo (o de teletrabajo) se hacen detrás de un monitor por lo que valores como la confianza en el otro, el compromiso a entrega de resultados o la redistribución de las horas laborales – para algunos es mejor trabajar de noche o a la madrugada – empiezan a emerger.  

No importa cómo llegaremos a construir este nuevo sistema y si hay posibilidades de rediseñarlo en uno más acorde a los riesgos futuros ambientales y sociales o de enfermedades aun no conocidas. Veo que la pandemia del COVID-19 se presenta como un primer ensayo a lo que veremos en el futuro, por ejemplo, con los efectos del cambio climático. El COVID-19 nos está dando la opción de reorganizarnos y de crear nuevas perspectiva, pero también nos muestra la fragilidad de la estructura social dependiente del consumo y del paradigma del eterno crecimiento y nos invita a reflexionar sobre nuestro lugar en el planeta Tierra.  Parece que se necesitaran este tipo de situaciones para que la humanidad haga un alto en el camino y mire las acciones hechas.  

Sin duda, el virus nos ha puesto los pies en la tierra de nuevo. Nos ha bajado de la idea de un capitalismo desenfrenado y del imaginario de la felicidad basada en el consumo.  El COVID-19 nos está devolviendo la humanidad, la capacidad de cooperación, de ser una sociedad colaborativa y consciente de nuestra posición en La Tierra, del reencuentro con los aspectos más fundamentales de la existencia humana. Lo importante es que este nuevo esquema mental logre permear un número suficiente de personas para que se logre hacer un cambio real a largo plazo.  En términos randianos estaremos pasando de ser destructores a ser liberadores. 

No sabremos los efectos de la pandemia hasta dentro de uno dos años, ni los impactos que tendrá en la conciencia colectiva, ni nuestra relación con los demás y con la naturaleza.  Pero es muy probable que al haber sacudido las bases más sólidas de nuestra sociedad, se haya creado un nuevo modelo social más justo y adecuado, que además sea resiliente a las nuevas amenazas (otras pandemias o riesgos climáticos) que afrontaremos en las próximas décadas. 

¿Seremos capaces de llegar a este punto y haber transformado nuestra forma de vida por una más adecuada a las dinámicas del planeta, acoplado con el resto de especies de flora y fauna? O desafortunadamente, nuestra torpeza humana nos continuará llevando por un camino dirigido a un abismo. El COVID-19 nos está dando el tiempo de reaccionar, de revisar la relación con nosotros mismos, de reflexionar de forma casi independiente nuestra forma de vivir, sin ganadores o perdedores, en el planeta. 

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Down to the ground again

We are living an unprecedented event. The coronavirus (COVID-19) is a crisis that is penetrating the economic, social, environmental and even religious spheres, on a global scale. For the first time and for more than 100 years, the entire world is facing a challenge that will shake the deepest foundations of today’s society.  At this point, with almost 304,000 cases and 13,000 deaths, it becomes irrelevant whether the origin of this pandemic was caused by contact with exotic species in Chinese markets, whether it was the result of overexploitation of natural areas with contained unknown diseases, or whether it was a voluntary geopolitical exercise to destabilize the world economy.  At this point, what is important (and more serious) is that COVID-19 is expanding at exponential rates and continues to affect large numbers of people.  

The inevitable spread of the COVID-19 virus is a global public health risk and added to the uncertainty of the torrential number of deaths that are likely to occur, it becomes a direct threat to the status quo of the global system.  That is, to the interconnected political, social, economic and environmental relationships entangled under an imaginary collective construction, having these elements a permanent requirement of financial, material and energy resources flows and where winners and losers are present.  That is why as the system itself, which to a large extent has been based on the paradigm of scarcity and false needs for excessive consumption of natural resources, is focused on globalization and international trade, it facilitates the transmission of the virus.  

The presence of COVID-19 has made a crack in the base of the social structure that has been under construction for the last 300 years.  For this reason, the virus is a latent and direct threat to the imaginarium and, when it is hit with this real and lethal risk, it can penetrate all the instances of our society swiftly.  The COVID-19 is exposing how fragile and vulnerable our anthropocentric system is. It has questioned us about the false and eternal economic growth paradigm and about the rightness of the social configuration that we are developing for the sustainability of the human species and the planet in general.  

Industries, distribution centers, consumption centers, communications systems and transportation means are considering stopping, or are already stopping, their operations.  This opens up quasi-existential questions such as: how and from what will we live from now on? What happens if the global economy collapses?  This reminds me of the prime movers in Ayn Rand’s novel Atlas Shrugged who, out of their own greed, decide to go on strike. I see something similar happening with this gradual process of economic slowdown and it makes valid the question: if John Galt decides to stop the motor of the world, does he becomes a destroyer or a liberator?

At first glance we have a picture of confusion, fear, anguish and despair.  This is true and it will be so.  The COVID-19 is leading us down an unknown path; the world is taking a new course, of which we are not sure where it leads, or what conditions are on the way, or what is at the end.  However, since the system is an ethereal product of the social, economic, religious and personal beliefs with which the social paradigm is constituted and the accepted collective imaginarium is shaped, it would be opening up the possibility of reinvention and rethinking of our society and its current system.  On the other hand, it is a warning bell about the apparent robustness and stiffness of human societies and its values, and it give us a hint at what we may face in the near future, if we do not begin to change our perception and relationship with nature and society itself.  

In the latter, we see, for example, the first effects on everyday activities such as changes in work habits.  Now our office (or home-office) relationships are being handled behind a screen – so values like trust in each other, commitment to delivering results or redistributing working hours (for some it is better to work at night or in the early morning) are starting to emerge.  

It does not matter how we will manage to build this new system and if there is a possibility of redesigning it into one more in accordance with future environmental and social risks or diseases not yet known. I see the COVID-19 pandemic as a first test of what we will see in the future, for example, with the effects of climate change, among others. COVID-19 is giving us the option of reorganizing ourselves and creating new perspectives, but it also shows us the fragility of the social structure dependent on consumption and the paradigm of eternal growth; it also invites us to reflect on our place on planet Earth.  It seems that humanity needs these type of situations to make a halt and look back to the actions done.  

Without a doubt, the virus has put our feet on the ground again. It has brought us down from the idea of unbridled capitalism and the fake happiness concept based on consumption.  The COVID-19 is giving us back our humanity, our capacity to cooperate, to be a collaborative society aware of our position on Earth, and of the re-encounter with the most fundamental aspects of human existence. The key thing is that this new mindset should permeate a large number of people so that real change can be made in the long term.  In Randian terms we will be moving from being destroyers to being liberators. 

We will not know the effects of the pandemic before two years, nor the impacts it will have on the collective consciousness, nor our relationship with others and with nature.  But it is very likely that having shaken the most solid foundations of our society, a new social model should has been created that is more just and adequate, and that is also resilient to the new threats (other pandemics or climate risks) that we will face in the coming decades. 

Will we be able to reach this tipping point and have transformed our lifestyle for one more adapted to the dynamics of the planet, coupled with the rest of the species of flora and fauna? Or unfortunately, our human clumsiness will continue to lead us down a path towards a precipice. The COVID-19 is giving us the time to react, to review our relationship with ourselves, and to reflect almost independently on our way of living, without winners or losers, on the planet. 

Hacia un cambio socionatural y de conciencia delineado por los límites planetarios ecosistémicos

9. March 2020 § 1 Comment

El planeta Tierra, nuestro único y gran planeta Tierra, es sin duda nuestra casa.  Es el lugar donde encontramos nuestra historia, existencia, miedos y anhelos.  Aquel gran y complejo lugar es, sin embargo, un “pálido punto azul”.  Así fue descrito por Carl Sagan, quien  inspirado por las imágenes tomadas desde la sonda espacial Voyager 1 el 14 de febrero de 1990, dieron pie para usar esta metáfora. La delicada impresión de tener un planeta minúsculo, solitario y expuesto a implacables eventos astronómicos que podrían borrar para siempre su historia y con ella la nuestra, nos hace pensar dos veces cuál debe ser nuestra actitud y posición ante los inminentes y actuales problemas ambientales.  No sobra decir, que hasta la fecha nos encontramos restringidos por la acción de la gravedad a permanecer arraigados e inmersos en su superficie, sin contar todavía con la posibilidad de abrir nuevas fronteras exoplanetarias, ergo, sin una escapatoria a buscar nuevos planetas para colonizar.

La idea del planeta Tierra como un “pálido punto azul” se fortalece con la comparación del planeta como una nave espacial.  No solo somos un ínfimo punto en el espacio, sino que flotamos a la deriva dentro del vasto espacio sideral.  Esta concepción puede remontarse al libro de 1879 “Progress and Poverty” de Henry George, donde se equipara al planeta Tierra como “un barco bien aprovisionado que navega a través del espacio, en donde si el pan o la carne llegase a escasear, abrimos un nuevo lugar del cual nunca antes habíamos soñado”.  George Orwell parafrasea esta idea posteriormente en “The Road to Wigan Pier” al escribir que “el mundo es un velero navegando en el espacio con provisiones, potencialmente suficientes para todos”.

Posteriormente Adlai Stevenson en 1965 dijo ante las Naciones Unidas “viajamos juntos, como pasajeros de una pequeña nave espacial, dependiente de sus reservas vulnerables de aire y suelo, donde todos están comprometidos para su seguridad y paz; (…) no podemos mantener [a la Tierra] semi-afortunada, semi-miserable, semi-tranquila, semi-desconsolada, semi-esclava o semi-libre en la liberación de recursos aún no soñados. No hay tripulación que pueda viajar de forma segura en estas vastas contradicciones; de su determinación depende la supervivencia de todos nosotros”.  De esta forma el concepto de “spaceship Earth” fue a lo largo de casi 100 años consolidándose para que un año después la economista y ambientalista Barbara Ward escribiera su libro – con este mismo título – y finalmente Kenneth Boulding publicara en ese mismo año su tan afamado artículo “The Economics of the Coming Spaceship Earth” y del cual nos concentraremos más adelante.  Dos años después en 1968, Buckminster Fuller publica “Operating Manual for Spaceship Earth” reforzando la idea de la inmensa vastedad y vulnerabilidad a la que estamos expuestos.

Estamos llegando al Cul-de-Sac planetario

Dicho esto, Boulding expone de manera precisa el concepto de las fronteras planetarias, presenta el confinamiento físico y espacial donde las sociedades humanas no tienen muchos lugares para moverse de forma aleatorea o indiscriminada a medida que los recursos naturales se van agotando.  Así se estableció la primera llamada socionatural frente a la gestión económica (y ambiental) de recursos, en una “nave espacial” que cuenta con yacimientos limitados para la extracción de minerales y no minerales, así como compartimientos confinados para la descarga de desechos y contaminación.  La sobreexplotación de materias primas y acumulación de residuos está obligando a la humanidad (sin plena conciencia todavía) a encontrar y definir su puesto en el sistema ecológico cíclico que permita mantener la producción continua de bienes y servicios así como los flujos de materiales, energía e información.

Visto así, la vastedad libre terrestre se transforma en una pequeñez abrupta y casi claustrofóbica, ante el despertar consciente – aún parcial – que el mundo es un lugar finito con recursos naturales restringidos, y que requieren estar primero dentro de unos niveles planetarios para regular y mantener los ecosistemas de manera integral y segundo dentro de entornos homeostáticos como garantía de nuestra capacidad de supervivencia. Digo restringidos porque algunos recursos aparentan ser no renovables desde una escala humana, como los recursos energéticos fósiles, mientras que otros se consideran recursos renovables como la formación de biomasa o el ciclo del agua que se encuentran integrados en equilibrios macroglobales.   A pesar de esto, los recursos renovables requieren de tasas de sustitución adecuadas o tiempos planetarios justos, para garantizar su disponibilidad. Pero, las actuales dinámicas socioeconómicas, la aún latente percepción de la humanidad hacia la infinitud subjetiva de los recursos naturales y el arraigamiento al constructo social de dominación y control sobre el resto de los ecosistemas, así como especies de fauna y flora, están inhibiendo, incluso, esta regeneración.

Además, al ser el planeta Tierra un sistema cerrado, las sociedades se enfrentan a una realidad física, que siempre había existido pero que solo hasta ahora se materializa cuando experimentamos transformaciones y consumos de orden global, y son los límites planetarios inter alia, el agotamiento de la capa de ozono, cambios en los sistemas terrestres, flujos de nitrógeno y fósforo, el cambio climático.  Su mayor expresión se da frente a las actividades antrópicas que han contribuido a la formación de nuevos estados biogeoquímicos e hidrometeorológicos de los cuales no tenemos pleno conocimiento, y que están afectando la diversidad biológica, la composición fisicoquímica de los ecosistemas, los patrones globales del clima, las corrientes marinas, entre otros.

Este tipo de acciones, pensamientos y formas de vida son vistos como respuestas obvias del avance de la humanidad, y la satisfacción del deseo permanente de exploración y aperturas de fronteras que le pertenece casi ad hoc, de forma tácita a la naturaleza inquisitiva del Homo sapiens, pues desde su aparición en el planeta hace unos 200,000 años, la especie ha venido apropiando y transformando para su bienestar de todos los rincones del planeta.   Puede decirse que hoy en día, no hay literalmente un solo lugar en La Tierra que no haya sido impactado, visitado o transformado por la actividad humana.

A partir del desarrollo y crecimiento de las sociedades humanas se ha alcanzado y saturado (sino colapsado o al borde del colpaso) algunos limites planetarios fundamentales e imprescindibles para la subsistencia biótica.  El sobrepaso de estos límites está llevando a La Tierra hacia condiciones incomparables a las hasta ahora conocidas, que pueden generar presiones sociales y ambientales y de las cuales no sabemos si contamos con suficiente capacidad de respuesta y adaptación.

Spaceman economy vs Cowboy economy

 A pesar de que Boulding escribió su artículo hace más de 40 años, las vicisitudes actuales ambientales hace que tome hoy en día una fuerza implacable y casi predictiva.  Tomando un extracto del texto el autor dijo: “In the cowboy economy, consumption is regarded as a good thing and production likewise; and the success of the economy is measured by the amount of the throughput from the ‘factors of production,’ a part of which, at any rate, is extracted from the reservoirs of raw materials and noneconomic objects, and another part of which is output into the reservoirs of pollution [and it] is at least a plausible measure of the success of the economy. (…) By contrast, in the spaceman economy, throughput is by no means a desideratum, and is indeed to be regarded as something to be minimized rather than maximized. The essential measure of the success of the economy is not production and consumption at all, but the nature, extent, quality, and complexity of the total capital stock, including [humanity] in the system“.

Surgen entonces dos conceptos claves que evocan un cambio de paradigma (aún vigente) y que promueven la transformación del Weltanschauung y establece dos rutas de desarrollo completamente antagónicas.  Por un lado, se alude la “cowboy economy” como premisa del comportamiento del consumo humano en los últimos 200 años.  Por el otro lado, se presenta la “spaceman economy”, que infiere el concepto de un “Spaceship Earth“ (la Tierra como nave espacial) y que exhorta a los seres humanos a revaluar su relación con el mundo en pro de una más armoniosa, creativa e integrada con la naturaleza, considerando los recursos limitados e interacciones biogeoquímicos del planeta.

Como se ha dicho, nuestra percepción y relacionamiento con el medio ambiente y las demás especies se fundamenta en flujos de energía y materia, de información y conocimiento que no son en absoluto contemplados integralmente dentro de sistemas económicos y no económicos y por ende crean de externalidades e impactos ambientales así como el detrimento mismo del capital social y de la sociedad en general. A pesar de que algunos pensadores contemporáneos como Steven Pinker aseguran una mejoría en los indicadores ambientales a nivel global y propagan una confianza ciega en la solución tecnocrática y tecnológica de los retos ambientales, es claro que si no se logra equiparar esta relación armónica entre la sostenibilidad de las sociedades y su ritmo de consumo, no hay muchas opciones de poder mantener a la “nave espacial” con las condiciones adecuadas para la supervivencia de la especie.

¿Qué debemos hacer para transmutar esta condición? Una transformación basal de la perspectiva del desarrollo, soportado en esquemas sociopolíticos y óptimos, a partir de la satisfacción de las necesidades del capital material es el primer paso que la humanidad debe hacer dentro de un marco de garantías para la estabilidad ecosistémica y económica.

Es necesario preguntarnos si estamos satisfaciendo nuestras necesidades para sentir un bienestar o estamos consumiendo bienes y servicios creyendo que con tener más y más podremos saciar esta sensación de plenitud.  Esto señala una contraposición del laissez-faire capitalista y que trae a colación otro clásico de la ecología: “Small is Beautiful” de E. F. Schumacher, donde se plantean teorías de economías de mínimo consumo e impacto, en relación budística con el entorno.

Con esta perspectiva a global se pueden generar las condiciones para transformar el esquema tradicional de producción lineal, basado en un consumo desenfrenado y volcarnos a fortalecer una filosofía económica basada en la satisfacción frugal de las necesidades, teniendo presente una reformulación de los patrones y valores sociales frente a aspectos como la felicidad, el bienestar, y los roles sociales de status y prestigio, por mencionar algunos aspectos.

En otras palabras, la humanidad deber entender su lugar como una especie más del planeta y su integración dentro de los límites planetarios, teniendo en cuenta que cada día aumenta el número de seres humanos, por lo que es necesario revaluar las prácticas de consumo.  Es claro, que llegar a una generalización y concientización de toda la humanidad es imposible, pues las diferencias culturales, socioeconómicas y tecnológicas de las sociedades varían localmente e incluso dentro de cada país.  No obstante, la construcción desde lo local permite establecer, a partir de principios comunes pero diferenciados, acondicionamientos económicos que sumados tengan impactos globales. La suma de las partes es más que el todo.

Por esto, el punto no es un decrecentismo obligado, impuesto por restricciones económicas o normativas. El proceso debe llevarse a cabo de manera transformativa pero dirigida, considerando el espacio socionatural incluso integrando la digitalización y el avance tecnológico otorgado por ejemplo por la cuarta revolución industrial, como formas de promover economías sostenibles.  Es aceptar el crecimiento económico basado en la satisfacción de las necesidades y no del aumento de capitales sin sentido alguno.

La pregunta no es entonces ¿ni cuándo?, ¿ni cómo? sino ¿por qué debemos empezar a avanzar hacia la economía del “astronauta” (spaceman economy) y abandonar la economía del “vaquero” (cowboy economy)?  Tenemos muy claro que los retos medioambientales, como la pérdida de biodiversidad, la deforestación y en especial el cambio climático, están siendo causados por las acciones antropogénicas, y existe la alta posibilidad que sus efectos permeen en la historia de La Tierra y se manifieste mediante procesos geológicos que solo podrán ser visto desde la perspectiva del tiempo profundo.

Si bien, nuestra escala temporal y espacial no nos lo permite discernir, diría que bajo el principio de precaución, debemos iniciar acciones porque si bien nos enfrentamos ante cambios no intencionados, éstos pueden poner en riesgo la supervivencia de la existencia humana de manera directa.  No contamos con el suficiente conocimiento empírico (ni teórico) que nos permitan determinar si las especies de flora y fauna, incluyendo el Homo sapiens, están en la capacidad de adaptarse a condiciones desconocidas en un periodo de tiempo corto antes de empezar a enfrentar nuevos patrones climáticos y variaciones ambientales en alta probabilidad desfavorables.

El anthropos en el espacio socionatural

La comunidad científica, y en parte los líderes políticos, han comenzado a integrar ahora en el discurso político la noción del antropoceno. Tanto científicos como políticos comienzan a reconocer que hemos llegado, que estamos entrando, a una nueva época geológica, fomentanda por la acción humana y marcando el fin del holoceno.  El antropoceno, que tiene sin duda un nombre muy antropocéntrico, indica una estrecha relación entre las actividades del hombre (el anthropos) y los ecosistemas terrestres que incluyen principalmente espacios urbanos.

El antropoceno no puede solo verse como la nueva época geológica, sino tiene unas perspectivas sociales que requieren replantear el vínculo del hombre con los ecosistemas y los recursos biótico y abióticos.  Hay que dejar la perspectiva arcaica de dominación y control, y fomentar una “administración” de los recursos como clave para lograr procesos de transformación sostenibles, bajos en carbono e impacto.  Es decir, abrazar el buen antropoceno.

Ya no es posible vivir dándole la espalda al mundo natural y viendo ese espacio como algo ajeno y permisible a la dominación por parte de las sociedades humanas, pues las actividades humanas siguen transformando los entornos naturales y artificiales, creando relaciones causales y fenómenos de retroalimentación entre la humanidad y la “naturaleza”. Y pongo la palabra naturaleza entre comillas porque no existe una diferenciación desde la perspectiva global entre lo natural y lo no-natural, ¿acaso son las ciudades, por ejemplo, un producto de un efecto surgido de la “no-naturaleza”? No obstante, y para facilidad de la comprensión de la estrecha dicotomía, nuestras acciones afectan las relaciones naturales y los cambios en la naturaleza afectan el bienestar de las sociedades humanas.

Desde los últimos diez años, vemos incrementos de los eventos climáticos extremos, nuevas presiones sociales como los refugiados climáticos o variaciones hidrometeorológicas en las zonas agrícolas (cambios de zonas de alta humedad a desérticas y viceversa que crean sequías o inundaciones más intensas).  La cuantificación y evaluación del impacto de estas transformaciones nos permite tomar decisiones y acciones de cambio y nos obligan a preguntar si contamos con indicadores de satisfacción, bienestar y sostenibilidad para las sociedades modernas.

Es valioso reconocer que hemos avanzado en consolidar indicadores ecológicos y ambientales por medio de los limites planetarios.  Sin embargo, aún nos falta establecer indicadores para identificar niveles de satisfacción y bienestar.  El verdadero reto que afronta la humanidad es volver a considerar la inmensa pequeñez que representa el “pálido punto azul” para reformular a partir de una conciencia de conservación y uso racional de recursos, primero la inminente necesidad de continuar desarrollando sendas sostenibles y bajas en carbono, que permitan primero comprender nuestra integralidad en los sistemas ecosistémicos planetarios asumiendo el rol de administradores, más que dominadores y consumidores de recursos sin sentido; segundo la transición justa de las economías con el fin de evitar colapsos financieros y tercero darnos la oportunidad de entender, comprender y aprovechar las nuevas dinámicas cambiantes globales, con el fin de establecer acciones de adaptación frente a los inmensos retos que nosotros mismos nos hemos creado.

Referencias

Boulding, K.E. The Economics of the Coming Spaceship Earth. In H. Jarrett (ed.) 1966. Environmental Quality in a Growing Economy, pp. 3-14. Baltimore, MD: Resources for the Future/Johns Hopkins University Press.

Britto dos Santos, N. Spaceship Earth Economy: Boulding’s lesson on sharing the planet. Economics for the Anthropocene – Regrounding the human-earth relationship.  Acceso en: https://e4a-net.org/2017/02/08/spaceship-earth-economy-bouldings-lesson-on-sharing-the-planet-by-natalia-britto-dos-santos/

Spaceship Earth. Wikipedia. Acceso en: https://en.wikipedia.org/wiki/Spaceship_Earth

¿Puede la filosofía de la ciencia enfrentar los actuales desafíos ambientales y tecnológicos?

7. May 2017 § Leave a comment

Desde los últimos 40 años se ha forjado un cambio de paradigma en el entendimiento de la fragilidad de los sistemas naturales y su dependencia para la supervivencia de la humanidad en las décadas venideras. Este paradigma presentaba, dentro de un marco de sistemas globales de materia, energía e información o conocimiento (siendo este último el más importante de los tres), la necesidad de adoptar acciones para cambiar esquemas económicos que permitieran reducir las tasas de consumo de los recursos naturales.  La razón:  los tres sistemas estaban siendo vistos como sistemas abiertos (de recursos ilimitados) pero que debido a su entropía (o su necesidad de estar continuamente demandando flujos de entrada para su funcionamiento) creaba flujos de salida que eran desperdiciados aumentando las presiones en extracción y uso de recursos.  La propuesta: había que cambiar esta concepción y ver el planeta Tierra como una nave espacial (un sistema cerrado) en donde los flujos de salida se convirtieran en flujos de entrada.  El impacto de esta nueva manera de ver la economía y el manejo de recursos a llevado a que hoy en día se hayan creado ramas de la ciencia como la simbiosis industrial, el metabolismo socioeconómico o la economía circular, por mencionar algunos.  Si bien, estas limitaciones del sistema de La Tierra fueron anunciadas brillantemente hace más de 50 años, por Boulding et al., solo hasta finales del siglo 20 pudieron ser ilustradas y difundidas a una gran cantidad de personas, que descubrían y entendían la finitud del planeta y el rol del ser humano en éste.

En el marco de esta fragilidad cósmica, y considerando que nuestra especie es la especie dominante del planeta, se hace perentorio que asumamos la responsabilidad de mantener los equilibrios ecosistémicos de los cuales incluso depende nuestra propia existencia y de establecer principios de precaución ante los avances en ciencia y tecnología que están ocurriendo.  Es claro que la humanidad hasta el momento no está tomando voluntariamente estas medidas, pero ya incluso se habla de estar alcanzando puntos de inflexión (o tipping-points) promovidos por la ya oficial era del antropoceno y con posibles causas irreversibles a nivel de cambio climático, pérdidas de biodiversidad, agotamiento de recursos naturales, sin mencionar los impactos socioeconómicos y culturales.

Estos puntos de inflexión también están llegando dentro de la sociedad a nivel científico/tecnológico. En el libro “The industries of the future” de Alec Ross se plantea la idea que muy pronto ocurrirá la cuarta revolución industrial – siendo la primera el uso del vapor en producción mecánica, la segunda el uso de electricidad para la producción en masa y la tercera el uso de electrónica y tecnologías de información para la producción automatizada.  En la cuarta revolución aparecerán la inteligencia artificial, el mainstreaming de los robots o el human enhancement (modificaciones para la optimización corporal o mental) en todas sus expresiones, entre otros. Dadas las miles de nuevas ramas de pensamiento que se están creando a diario, y ahora sumando la hiperconectividad por Internet, los avances en genómicas, biología sintética, robótica, geoingeniería, por mencionar algunos, se abren nuevos espacios para preguntar si tenemos la responsabilidad suficiente de afrontar estos retos. Quien puede darnos esta respuesta son los filósofos de la ciencia, quienes jugarán un rol fundamental frente a las futura transformaciones de la sociedad.

Lo primero que se debe decir es que tanto los avances tecnológicos y mejoras en la vida humana como las amenazas ambientales y alteración fisicoquímica de la biósfera han sido fruto innato de la capacidad cognitiva y de raciocinio del hombre, enmarcada en una cosmovisión antropocéntrica de la sociedad moderna.  Sin duda, a pesar que muchas personas no lo consideran, cada persona tiene una visión propia del mundo abstraída de esta capacidad de pensamiento.  El libro de la novelista y filósofa rusa Ayn Rand “Philosophy: Who needs it?” afirma lo siguiente:  “As a human being, you have no choice about the fact that you need a philosophy.  Your only choice is whether you define your philosophy by a conscious, rational, disciplined process of thought and scrupulously logical deliberation – or let your subconscious accumulate a junk heap of unwarranted conclusions, false generalizations, undefined contradictions, undigested slogans, unidentified wishes, doubts and fears, thrown together by chance, but integrated by your subconscious into a kind of mongrel philosophy and fused into a single, solid-weight: self-doubt, like a ball and chain the place where your mind’s wings should have grown.”

Es decir, todas las personas necesitan de la filosofía (y objetiva!) pues los sistemas filosófico son la visión integrada de la existencia.  Sin filosofía objetiva no es posible comprender, apreciar, entender y disfrutar del mundo en su totalidad.  Es más, para Rand la filosofía objetiva es el motor, el engranaje del conocimiento humano y de las ramas científicas, pensamiento similar al de Boulding quien el conocimiento era el principal sistema de la sociedad. Así Rand expone lo siguiente: “Philosophy studies the fundamental nature of existence, of man, and of man’s relationship to existence“.  Rand, haciendo un símil con la naturaleza ilustra las diferentes ramas del conocimiento como árboles, siendo la filosofía aquel elemento transversal que las mantiene a todas unidas.  “(…) the special sciences are the trees, but philosophy is the soil which makes the forest possible“.

En este punto el pensamiento objetivo (llámese filosofía) se funde con la tecnología, el conocimiento empírico y los modelos complejos y dinámicos, y es la base del pensamiento científico para dar explicaciones y poder entender nuestro entorno. Pues converge con las bases del pensamiento científico tradicional.  Es decir, el científico se vuelve filósofo.  Es por esto que la filosofía de la ciencia adquiere un rol fundamental para enfrentar las grandes incertidumbres (más por falta de conocimiento que por pesimismo ante lo desconocido) que estamos a punto de empezar a experimentar en las próximas décadas.

La filosofía de la ciencia debe adaptarse a estas nuevas ramas de la ciencia como expresiones lógicas y objetivas que toleren, por un lado, los acelerados ritmos cambiantes de tecnologías, de modas, de valores y por otro lado permitan responder las cuestiones éticas generadas por los impactos de innovación en la sociedad, pues hay que considerar los efectos no intencionados creados por las disruptive technologies a nivel social, económico y ambiental.  Los filósofos de la ciencia se enfrentan a una responsabilidad enorme de lograr articular tantas dinámicas que apuntan hacia direcciones distintas y muchas veces opuestas.  Por ejemplo, las life sciences buscan mejorar la calidad de vida controlando muchas enfermedades que lideran a una mayor expectativa de vida.  El hecho que la población mundial viva ahora, por decir algo, 100 años y no 75 años, trae como consecuencia un incremento poblacional significativo y un desplazamiento del pico de la edad promedio hacia valores más altos.  Esto implica que, si las personas mantienen patrones de consumo energéticos y materiales por 25 años más crea, desde el punto de vista ambiental, una presión adicional sobre la sostenibilidad de los ecosistemas, que al final pueden provocar nuevas enfermedades o un debilitamiento de la economía con consecuencias negativas en la población.  Estos efectos no-intencionados de las nuevas tecnologías pueden ser círculos viciosos, en vez de virtuosos, que solo se podrán identificar una vez se empiecen los procesos de transformación.

Los filósofos de la ciencia deben estar preparados para entender estas problemáticas, modelarlas y proponer mecanismos que se ajusten a estas desbordadas dinámicas alineadas con los megatrends globales y tener los espacios apropiados para este fin. Es por esto que para hacer frente a estos desafíos mundiales se requieren hoy más que nunca fomentar y fortalecer los grupos de pensamiento crítico (tales como los think tanks o los grupos de consultoría aplicada) que se convierten en elementos socioculturales para el estudio y alertar, si es el caso, las implicaciones de los procesos de transformación tecnológicos y culturales que permitan una formulación de políticas públicas acordes a estos retos.  Estos grupos deben tomar distancia de la academia e involucrarse más de cerca con el sector público y la industrias, pues los niveles de abstracción de las ideas allí fundadas deben contener potenciales reales de implementación.

Se require entonces con urgencia una mayor participación de la filosofía y de la ciencia para resolver los retos modernos.  Esta combinación permitiría la formación de un grupo de filósofos de la ciencia adaptados al ritmo de desarrollo e innovación tecnológica, de personas reflexivas críticas y objetivas sin grandes índoles políticos, pero con capacidad de entender las dinámicas actuales mundiales que sienten las bases para enfrentar los actuales desafíos ambientales y tecnológicos de nuestra sociedad.

“In demoriam” o el fin de la democracia

25. August 2016 § Leave a comment

Desde cuando el ejercicio de elevar al individuo dentro de la sociedad de la antigua Grecia reunida en la ágora Romana, se llevaba a cabo con el fin de forjar un centro de discusión y debate ante las tribulaciones y problemas de Atenas, brotaba la semilla de la democracia. Un ejercicio tan efectivo que logra expandirse como una bandera de la civilización occidental a todos los rincones del mundo.  Hoy es el sistema político por excelencia que ha llevado las riendas de la civilización humana a los estrados en que se encuentra en niveles socioeconómicos y culturales.  La democracia se ha ido imponiendo frente a los demás modelos propuestos a lo largo de la historia (autocracias, teocracias, o monarquías, entre otras), aunque se ven focos disidentes o rebeldes en algunas zonas del Medio Oriente o el Sureste asiático. Se le debe a la democracia muchos de los conflictos bélicos, pero tambien los tiempos de paz; que para algunos como Santiago Gamboa la define en su libro La Guerra y la Paz, como la politización de la guerra.  Tal y como su etimología los sugiere la democracia es el gobierno del δήμος (demos), del pueblo, donde la mayoria decide los beneplácitos y los designios de una comunidad, donde la última autoridad de poder le pertenece al pueblo.  La iglesia católica lo resume bajo el lema vox populi, vox Dei y muestra el poder de voz de las masas.

No obstante, parece que por estos días la afirmación nietzscheniana ‘Dios está muerto’ (Gott ist tot) está tomando fuerza, pues la voz de Dios (es decir la del pueblo) está llevando a la sociedad a instancias de vulnerabilidad y crisis.  Es como si Dios (o el pueblo de nuevo) en realidad hubiera muerto y el mundo anduviera a diestra y siniestra sin tener claridad en las decisiones que potencialmente traerían mayor beneficios a la sociedad. La confianza que este sistema ha dado a las masas es invaluable, pero parece que ha llegado a su fin.  Philip Ball en su libro Masa crítica habla sobre los dinamismos logísticos que ocurren en la naturaleza. Iniciando con un período lento y una vez alcanza cierto momentum se produce un cambio espontáneo, radical y acelerado.  En mi opinión, el sistema democrático como cualquier sistema inmerso en la naturaleza y cumpliendo las leyes de la física está siguiendo estas dinámicas y desfortunadamente está a punto de llegar a su punto de inflexión o, sin eufemismos, a punto de iniciar su colapso.  El valor de la mayoría a perdido sentido, pues estamos llenos de desinformación, incultura y facilismo intelectual.  La globalización ha homogenizado culturas y el ‘political correctness’ ha hecho que la opinión se desvanezca o se aminore.  No hay opinion libre y analizada, es la repetición de la repetidera, un evento Huxleyciano hymnopedista.

Tal estructura y esquema de pensamiento puede verse reflejado hoy en día en Colombia.  En este momento el país se encuentra atravezando un momento histórico y crucial y me refiero a la aprobación del acuerdo de la paz colombiana, tema que toco más adelante.  Es por eso que yo le tengo miedo a la voz de la mayoría.  La humanidad esta volcada a su propia destrucción pues hemos llegado a ese pico en donde la estupidez sobrepasa los criterios y la inteligencia. Vemos en las votaciones políticas, que han sido ejercidas en la mayoria de los estados, errores garrafales.  Claro, los contextos son complejos y las votaciones son la punta del iceberg.  El caso norteamericano me genera incertidumbre al solo pensar que, por ejemplo, un facista sexista intolerante llegue a sentarse en la posicion política más poderosa del mundo.   Es más, Platón afirmó en La República que la tiranía no puede tener otro origen que el de una democracia establecida.  Lo que se ve en los Estados Unidos en las actuales elecciones presidenciales puede ser lo que he denominado la muerte de la democracia, in memoriam o mejor in demoriam.   El fin de la democracia está cerca.

Volviendo al caso colombiano: el próximo 2 de octubre se realiza en Colombia la votación del acuerdo, el plebiscito de la paz.  No dejo de pensar en un efecto similar.  Tendrá la democracia colombiana la capacidad resiliente de permitir el volumen de votos al No, contrarios a la anhelada paz?  O habremos pasado ya la masa crítica y dejaremos que la democracia y el sueño de un país sin FARC se acabe a ella misma?  Es el momento en que el individuo siendo la base de la democracia recupere su significado y que valga como su nombre lo dice, como uno, único.  Por eso, por favor, cada uno tómese el tiempo de leer o de entender el acuerdo.  Búsque opiniones claras y bajo un análisis crítico y constructivo darle una lectura o una discusión objetiva sin polarización, porque una vez se eleve de nuevo el espíritu individual libre y pensante se mantiene la esperanza de una democracia viva y una sociedad que busca consolidar tiempos de paz.

 

 

 

 

In liber liberi

9. March 2016 § Leave a comment

Necesita la humanidad de los libros? Ya Ray Bradbury en su obra “Fahrenheit 451” (la temperatura a la que se inflama el papel), expone dentro de un distópico futuro cercano el odio y la aniquilación sistemática del papel escrito por parte del gobierno.  Es una apología a la fuerza que tiene la lectura y el potencial para transmitir ideas – que más que buenas o malas son bien o mal interpretadas – para calar y penetrar (y ante todo cuestionar) el modus vivendi de manera directa de ilustrados y letrados; y de manera indirecta a ignorantes y analfabetas, con efectos como la formalización de movimientos socialmente desequilibrantes.  El acceso al texto impreso, imprime el miedo a información y al “saber de más” de quienes buscan precisamente centralizar el poder.  Claro, esto es un punto altamente político y dentro de un contexto socioecocómico a escala nacional.  Sin embargo, se ha visto reflejado a lo largo de la historia. La misma sociedad criolla americana realista del siglo XVIII y XIX que ante el ímpetu avasallador de las ideologías de la ilustración y el humanismo europeo, encabezado por los filósofos y pensadores alemanes (Goethe, Leibniz, Kant), ingleses (Newton, Locke, Hume, Bentham), acompañados del francés Descartes y del holandés Spinoza, entre muchos otros, lograron primero aceptar nuevos paradigmas del locus mundi rompiendo en parte esquemas medievales y elevando el hombre al valor que le corresponde importantes cambios sociales en las nacientes repúblicas independientes.  En muchas ocasiones, siendo acorraladas por la inercia y la desesperación de la iglesia católica, hubo represiones ideológicas y persecusiones políticas envueltas en halos religiosos como la santa inquisición.  Siendo esto real, y sin comentar más de estos hechos sociales, quiero hablar del impacto de los libros a un nivel más personal.

Los libros han existido oficialmente desde mediados del siglo XV, cuando Johannes von Gutemberg inventa la imprenta publicando, naturalmente, la Palabra de Dios. No basta disertar sobre el impacto que este artefacto tuvo dentro de la sociedad europea y luego mundial, como elemento multiplicador de conocimiento, saberes e ideas. Sin embargo, el libro entra en la sociedad moderna y se instaura como símbolo de poder (la ley), orden (la constitución política), conocimiento (la enciclopedia), incluso de dominio de masas (la Biblia).  Es posible que han abarcado cada uno de los rincones en donde el ser humano ha explorado su intelectualidad.  En medio de su curiosidad, el ser humano ha buscado dar respuesta y registrarla a grandes (y pequeñas) incógnitas a lo largo de la historia.  Dentro de este caminar pedagógico y descubridor se han abierto rutas en todas las direcciones.   Yace ya dentro de cada persona, elegir (o ser obligado a elegir) que ruta tomar y de esta manera condicionar su Weltanschauung.  Los libros se convierten en directrices y guías; en entes libertadores que rompen esquemas, cuestionan tradiciones y construyen nuevos mundos.  No resulta en vano ver que la palabra “libro” y la palabra “libertad” provengan de latin liber.  El libro da libertad, la libertad se alcanza a través de los libros.   Siendo la humanidad una masa revoltosa, dinámica y anárquica – simplemente cumpliendo su labor evolutiva – pero creativa, ingeniosa y adaptable, los libros responden a una necesidad personal y social siendo poco aprovechada.

Es por esto, que he decidio publicar una lista de libros de que una u otra manera han influenciado parte de mi perspectiva y me han dado libertad. Además de ofrecer su más importante aporte, que está sujeto a discusión:

  1. The Fountainhead de Ayn Rand:  La gran novela de Rand me introduce en la filosofía del objetivismo.  Muestra la realización del hombre como fin de fines dentro de un esquema de laissez faire.
  2. The God Delusion de Richard Dawkins:  Fue mi primer acercamiento al ateísmo, visto desde un punto de vista científico y práctico.
  3. El nombre de la rosa de Umberto Eco:  Una novela que me hizo reflexionar sobre la capacidad del hombre de llegar hasta las últimas consecuencias bajo pretextos e ideologías erróneas.
  4. El péndulo de Foucault de Umberto Eco:  Este libro me mostró el submundo de la superstición y los diversos rituales que necesita el hombre para confrontar su existencia.
  5. La peste de Albert Camus:  Una descripción de la realidad humana y nuestra debilidad como seres vivos.
  6. La vida tal como es de Charlotte Beck:  Mi primer encuentro con la filosofía Zen.  Un gran libro que tengo como referencia.
  7. Atlas Shrugged de Ayn Rand:   Complementa las ideas expuestas en The Fountainhead cuando son extendidas a una variedad de personalidades humanas.
  8. El mundo y sus demonios de Carl Sagan:  Una sencilla explicación de por qué la ciencia es la “verdadera” religión.
  9. La insoportable levedad del ser de Milan Kundera:  Un retrato de la crudeza (y naturalidad) del ser humano en su más simple expresión.  Me mostró lo básicos que somos.
  10. Silent Spring de Rachel Carson:  Mi primer campanazo a los temas ambientales.  Un gran libro que cuestionó el accionar del hombre en la naturaleza.
  11. Las conexiones ocultas de Fridjof Capra:  Un libro que me enseñó la naturalidad de nuestro existir y sus implacable relación con el entorno.  Se complementa mucho con el libro “Masa crítica” de Philip Ball.
  12. El lobo estepario de Hermann Hesse:  Otro retrato diáfano de lo que significa ser un ser humano.
  13. La biblia satánica de Anton LeVey:  Un simple resumen de cómo vivir en este planeta.
  14. La rueda de la vida de Elizabeth Kübler-Ross:  Me enseñó una práctica manera de tratar pacientes terminales o enfermos crónicos.
  15. El fantasma de la libertad de Francisco Rubia:  Me cuestionó la existencia del libre albedrío y nuestra verdadera estructura para tomar decisiones.
  16. Elogio de la impertinencia de Piergiorgio Odifreddi:  un gran resumen explicativo sobre de algunos temas de conocimiento general.  Bueno para temas de coctel.

La literatura puede dividirse en dos grupos: (1) los clásicos y (2) los no clásicos.  Dentro de los clásicos están los filósofos griegos y romanos, los filósofos alemanes, ingleses y franceses.  Se encuentran tambien los escritores románticos.  Honestamente, me siento cohibido, intimidado! ante un libro de Schopenhauer, de Nietzsche, de Virgilio o de Sartre. Pero creo que complementarían notablemente esta sencilla lista.  Admiro a quienes les hacen frente y logran abrirlos.  Están sin duda en el camino a la libertad.

ps. Hace poco ví en las redes sociales la foto de una escultura de  un muro ladrillos con un libro en su base (El castillo de Franz Kafka), ocasionando una distorsión de las capas y formando un montículo notorio que rompía el patrón del muro.  Rezaba: “un libro marca la diferencia” o algo por el estilo.  Para un obsesivo-compulsivo, es un factor de alteración y disgusto.  Tal vez es el fin, mostrar graficamente el impacto de un libro.  A mi afortunadamente no me causa tales efectos.

 

El hipercubo de Sísifo

27. November 2015 § Leave a comment

Este escrito podría llamarse “The pursuit of happyness? Vol. 2”; sin embago, quiero discutir otro punto del tema. En el post anterior expuse de manera sencilla mi perspectiva a la pregunta de cómo buscar y encontrar la felicidad. Dando por hecho que es un fin y un deseo común del ser humano.  Ahora, empiezo con una serie de preguntas que recibí poco después de haber publicado ese post.  Algún ávido lector me planteó lo siguiente:  (1) ¿qué pasa si uno no busca la felicidad y qué alternativas puede haber? (2) ¿hasta qué punto es un invento del ser humano? (3) ¿qué hacer si uno no es feliz? (4) ¿por qué la gente le tiene miedo a no ser feliz?

Las cuatro preguntas se enmarcan en un contexto sociológico, donde se intenta definir el rol de la felicidad en la humanidad dentro de una estructura social y personal.  Se ve ahí a la felicidad como un elemento social necesario y determinante.  Es una aproximación válida y muy acorde al estilo de vida y angustias actuales.  Por ejemplo, en los últimos años se ha visto una explosión de life coachers. ¿Por qué hay una emergencia de ellos? No es un fenómeno ajeno y aislado; paralelamente se observa la creación de nuevas iglesias (e incluso de religiones), buscando fines similares.  La sociedad ha generado estructuras basadas en el marco socio-económico y político en donde se debe seguir pauta y pasos rutinarios.  Esto ha generado una homogeneización de intereses, pero al mismo tiempo ha incrementado la necesidad de la diferencia.  El branding personal, por ejemplo, busca esa mínima diferencia entre los miles para poder hacerse notar. En este sentido, las marcas juegan un papel fundamental como medio y fin de la identidad, generando nuevos nichos y segmentarismo tribal, acompañadas de estados emocionales determinados. ¿Qué razón de fondo hay que justifique la inversión de tiempo, dinero y sesiones de psicoterapia?

El filósofo francés Gilles Lipovetsky encuentra cuatro pilares que definen los tiempos modernos (o hipermodernos para usar su terminología) que son, el (hiper)capitalismo, la (hiper)tecnología, el (hiper)individualismo y el (hiper)consumo. Estos son un reflejo diáfano de las bases estructurales de nuestra sociedad (cada vez más mundializada) en la creciente presión por la diferenciación con el otro y en encontrar factores que garanticen un buen vivir.  Según él, todo yace en tres puntos principales (1) los efectos de la globalización, en donde se han perdido las barreras culturales, (2) el exceso de información a primera mano que no nos permite saber cual es la más cercana a la verdad objetiva y (3) la culturización de la cotidianidad.  Por ejemple, ya no hay sociedades individuales altamente homogéneas, sino una gran sociedad mundial hiperhetereogénea que ha asimilado y mezclado (al estilo metafórico del melting pot de la sociedad norteamericana de los siglos XVIII y XIX) una diversidad de Weltanschauungen aumentando la necesidad de identificación personal.  Acerca del segundo punto por ejemplo, vemos las dos visiones opuestas de la razón de los ataques terroristas a Nueva York en septiembre de 2001, que se tambalea entre un inside job del gobierno Norteamericano y un real ataque por parte de fundamentalistas islámicos.  Las dos explicaciones se encuentran disponibles y con “pruebas”.  ¿cuál es la correcta? Estas situaciones se repiten en enésimos casos creando una dualidad cognoscitiva y de valores.  Finalmente, y como consencuencia del primer punto, el concepto de cultura ha trascendido su definición tradicional (como elemento distintivo de las élites sociales y académicas) hasta el punto de poder culturizar cualquier actividad humana.  Se dice que el servicio de limpieza de un museo en Chile, recogió una instalación al confundirla con basura.  No importa tanto el hecho, como la redifinición de lo que llama(re)mos arte o cultura en este siglo.

A pesar de esta sobreabundancia informativa, de la exposición a diversas corrientes filosóficas y de pensamiento, en el ser humano persiste un elemento personal invariable y que no se cansa de buscar respuestas.  Este es la fortaleza y al mismo tiempo la debilidad de la humanidad.  Pues es ahí en donde se encuentra la posibilidad de manejar a los individuos a su antojo. Precisamente, esta es la razón por la que se ha visto la multiplicación de movimientos new age, cultos individuales y colectivos y los ya mencionados life coachers.  No resulta evidente el ver ni el entender los “signos de los tiempos” (tomo prestada la expresión del Concilio Vaticano II) de la post-al-cubo-modernidad cuando nos movemos a ritmos que el ser humano nunca ha estado acostumbrado.  Las barreras culturares y nacionales se han roto, el mundo (ahora la aldea! global) nos maravilla hasta producir locura y angustia existencial.  Esta ola (o tsumani!) ha llegado con tanta intensidad y fuerza (y de manera tan inoportuna) que la humanidad se enfrenta a sus propios miedos sin respuesta alguna y refugiándose precisamente en el origen de la tragedia.

Así como Sísifo obligado bajo condena de Thanatos, dios de la muerte, a subir una roca por una montaña en el inframundo para que antes de llegar a la cima y por causa del peso de la misma rodara nuevamente hasta el fondo del valle para tener que iniciar nuevamente esta absurda tarea; así mismo la humanidad se encuentra cargando el hipercubo de la postmodernidad que la mantiene ocupada, desgastada, perdida; creando oportunidades en callejones sin salida a la pregunta y estado primordial del estar vivos.  La humanidad parece andar en círculos, o mejor, en espirales convergentes en una autodestrucción social, ambiental y personal.  Tiene el mundo alguna herramienta para romper este creciente círculo vicioso? Sí, hay una salida.

Hay que salir de la zona de confort.  Es una experiencia que ensancha por un lado al resilencia personal, por otro permite el descubrimiento de herramientas propias para enfrentar retos desconocidos.  Salir de la zona de confort, significa luchar contra los miedos propios, de cuestionar las más profundas certezas y confrontarlas a la luz de la incertidumbre.  No solo una experiencia así da la consistencia necesaria para fortalecer las bases de la existencia propia, sino que abre la posibilidad de la reinvención.  Hay esta la respuesta a las cuatro pregunta iniciales.  Hay miedo a no ser feliz? Sí, claro! Pero más miedo da salir hacia lo desconocido y enfrentar la incertidumbre.  Pero una vez ocurre esto, ya hemos cruzado el umbral que bloquea la felicidad, al menos la satisfacción de haber intentado algo nuevo y haberlo logrado.

 

The pursuit of happyness?

8. September 2015 § 1 Comment

Hace casi una década Will Smith protagoniza la pelicula, aún no vista, “The pursuit of happyness” (sí con “y”). Después de leer la sinopsis en Wikipedia, no pienso verla, pues es una más de las centenares con este ya trillado tema. Un buen hombre lucha por un futuro mejor, pasando por centenares de dificultades para terminar exitoso y feliz. ¡Qué fácil parece encontrar ahora la felicidad!  El título de la película está muy bien escogido para los tiempos de hoy y es muy alusivo al tema que quiero discutir en este escrito.  La búsqueda de la felicidad se ha convertido en un paradigma de las últimas décadas que ha permeado literalmente todas las facetas humanas. Ser feliz es ahora fin de fines, la opus magnum de cada individuo.  En otras palabras, si usted no es miembro del Club de los Felices, claramente no supo (o no sabe) vivir. Es bueno aclarar que hablar de felicidad es como hablar de libertad, discutir sobre pobreza o filosofar sobre la existencia humana.  Es un tema muy amplio con connotaciones divergentes y sin convergencia unánime.  Por eso, dejo aquí de una manera sencilla mi entender de dicho vocablo.

Entonces, si estamos en busca de la felicidad, en donde esta? Se encuentra en un cofrecito escondido en la chimenea? o la compramos por Internet? (a veces parece que sí…). La acción de “buscar felicidad” es demandante, quita energía, tiempo, y probablemente después de un tiempo nos damos por vencidos porque nunca la encontramos.  El imaginario de felicidad esta tan metido en nuestra vida moderna, que hasta la constitución americana declara, de manera cauta, “life, liberty and the pursuit of happiness” naturalmente sin garantizarla al ser una situación imposible e irresoluble dentro de los paradigmas actuales. No obstante, es uno de los principios fundamentales de las sociedades libres.

Pero antes de buscarla, intentemos darle una definición.  Podemos empezar preguntando si existe una unidad para medir felicidad. ¿Cuándo se cambia de estado “neutral” a “feliz”? Encuentro ridículos los “estudios” que miden, como contentillo general, la felicidad de los países,  De hecho, el pueblo colombiano debería sentirse muy orgullos al ser “científcamente” uno de los más felices del mundo… ¡cómo no!  Esto de alguna manera muestra que medir la felicidad es algo banal.  No hay una métrica, ni un método científico que determine quien es más feliz.  No obstante, ¿habrá una definición para el estado de felicidad? Creo que si la felicidad fuera a teorizarse me basaría el principio de la navaja de Ockham (lex parsimoniae): la explicación más simple tiene más probabilidades de ser correcta que la compleja.  En otras palabras, entre más simple mejor.  En el contexto de felicidad, un ejemplo es la comprensión que no existe una ruta para serlo, no es un fin, no es el objetivo al final del camino.  Ya lo han dicho incansablemente los practicantes del Budismo-Zen: “la meta es el camino”.  La felicidad es un acto del tiempo presente, extremadamente dinámico, que requiere atención continua y permeación de los pensamientos.

Aun contando con esta semi-definición, la práctica muestra una diversificación individual. Cada quien entiende felicidad distinto y no hay manera de comparlas entre sí.  Si a usted lo hace feliz comprarse un bien de lujo, hágalo. Si a usted lo hace feliz comerse un pastel de kiwi y almendras caramelizadas, por que no hacerlo? Si a usted lo hace feliz ver los colores cambiantes de un atardecer (primero diría que su felicidad es gratis, y segundo que literamente va a ser al menos una vez al día feliz) por qué no pararse en el balcón de su casa (siempre y cuando de hacia el occidente) y hacerlo.

Así parecería que todos estamos condenados a ser felices. Sin embargo, el hecho que la felicidad sea una experiencia individual, no significa que está aislada de la colectividad.  Por eso ¿qué papel juega la responsabilidad dentro de la construcción de la felicidad personal? Muchas veces, acciones como la caza de un elefante, el derroche de dinero, ordenar una sopa de aleta de tiburón, o pelearse con el vecino (la felicidad no tiene caminos definidos) hacen seguramente a muchos felices.  En otras palabras, la felicidad no tiene limites (no me refiero a que seremos infinitamente felices) sino que no existe un marco definido para este estado anímico.  Pero entonces es lógico afirmar que la felicidad personal sea resultado de la infelicidad ajena? ¿Podemos delimitar el estado de felicidad?

Dejando estas preguntas como reflexión al lector, toco el siguiente tema. Si bien es cierto que no hay un manual de felicidad, si existen actitudes que promueven esta búsqueda.  Estoy convencido, que una causa de infelicidad es la ansiedad por el futuro, la incertidumbre del no conocer lo que viene, lo que nos tocará vivir, de esperar lo inesperado. Como un reflejo yuxtapuesto, el añoramiento del pasado, el recordar acciones hechas (buenas y malas) que no hay manera de recuperar o cambiar son fuentes que roban felicidad (o al menos tranquilidad). Se habla del carpe diem (algunos más osados del carpe minutem) que al fin de cuentas procura de manera diáfana vivir el momento presente, consciente de la responsabilidad que esto implica.  Parece que al estar lo más cercano al presente, aceptando su venir, aumenta las probabilidades de encontrarla.  Desafortunadamente, nuestra sociedad ha olvidado esto y se ha empeñado en crear felicidad instantánea, fugitiva y efímera, que cubren las angustias existenciales que la modernidad han creado en nosotros.

Pensando un poco en lo que a cada minuto ocurre en nuestras vidas, por un lado revela nuestra existencia (como el ser concientes de la respiración) y por otro nos acerca a la realización de estar vivo que se refleja muchas veces en un estado de aceptación y emoción (felicidad?).  De ser así, pertenecer al Club de los Felices, el club más grande que tiene la humanidad, se vuelve sencillo.  No siempre se es un socio activo, pero entrar a él es tan facil como correr la ventana de su cuarto y ver el sol poniendose en el horizonte.

El arte de ser educado

24. August 2015 § Leave a comment

No es un título para escandalizarse, ni mucho menos. El arte de ser educado se convierte en una afrenta (lectura en voz activa) para algunos o en una voz de esperanza para otros (lectura en voz pasiva).  Haciendo alarde a nuestra taxonomía biológica, Homo sapiens sapiens, el título de este escrito encierra lo que significaría responder coherentemente a dicho nombre científico, pues encierra las dos facetas que nos hacen estar en un escalón diferente que el resto de los homínidos: el arte y la educación.  Pero volviendo al título, yo me voy por el lado pasivo, donde la acción de educar se construye permanentemente y no es un fin terminado.

Sin llegar al extremo positivista de la imagen de tabula rasa de pensadores empirista como Locke o Bacon, es claro que el “ser educado” se convierte en un prerequisito en el camino del descubrir una estructura humana dentro de cada ser humano.  Ser educado requiere procesos estimulativos y posteriormente autoreflexivos.  Aclaro que el término “educación” no es uno propio de la cultura occidental.  La educación desarrollada en Occidente, no necesariamente viene a ser la plantilla de la educación por excelencia; en otras palabras, no existe un modelo educativo que sea mejor que otro.

Tal vez la impresionante capacidad receptiva y cognitiva que cada persona es la responsable que no haya un único sistema educativo, y la diversidad en el Weltanschauung individual crea la múltiple y compleja percepción de la sociedad. Al fin y al cabo, esto es lo que vemos y vivimos en el día a día, y es lo que nos maravilla.

Hace poco unos exploradores británicos descubrieron pinturas rupestres en las selvas colombianas que datan más de 20,000 años.  Eran imagenes de caza y seguramente historias que representaban hechos significativos o alusivos a su diario vivir.  ¿Qué llevó a este grupo de antiguos americanos a dejar plasmado algunos hechos de su vida en las piedras? ¿Hubo algún motivo lo suficientemente fuerte para hacer que alguien tomara una pedazo de roca coloreada e inscribiera trazos regulados y uniformes contra otra roca? Esta misma pregunta puede repertirse sin parar a lo largo de la historia, hasta llegar a hoy, cuando miles de artistas siguen produciendo arte.

Visto desde la perspectiva artista – observador, la creación de arte adquiere un halo misterioso (incluso en algunos caso místico) en donde se genera una conexión entre el objeto, la pintura, la escultura, la instalación y el observador.  Es claro que se generan procesos de reflexión, de choque, de rechazo o de aceptación.  Y a la larga, ese es el rol del arte, promover un revuelco de todas las fibras humanas y cuestionar el proceso del pensamiento.  De esta manera viven muchos el arte, como un ente externo pero que tiene la capacidad de llegar a tocar la interioridad.

Yo quisiera, sin embargo, dejar a un lado esta perspectiva y transformar al observador en artista.  El observador ya no es quien recibe, ahora crea y dá.  Qué mejor oportunidad de encontrar al “artista” que en los procesos pedagógicos a temprana edad.  Y esto por varias razones: uno, volvamos a Locke; dos, no hay prejuicios; tres, la espontaneidad reina.  El arte es entonces la mejor expresión para iniciar un proceso integral de la educación.  El arte promueve el hecho de lograr descubrir(se), de saber quien es, sin estar expuesto a limitaciones ni a estructuras pedagógicas predeterminadas.  Con el arte se logra explorar niveles de abstracción y de integración con el entorno, debido a la necesidad de integrar elementos tanto externos como internos en el esfuerzo de transmitir una idea, un pensamiento, un sentimiento.  Una educación basada en el arte, vaya idea tan romántica, potenciaria la necesidad de explorar rincones cognitivos y de personalidad a temprana edad.

Para aterrrizar esta idea: si un menor toma un papel y una bolsa de colores, tiene la responsabilidad (inherentemente adquirida) de crear algo, de tener un momento de reflexion para pensar qué va a pintar y cómo.  Todo esto se transforma en una expresión física de intensidad de tonalidades que van y vienen, hasta que determine que su obra ha concluido. ¿Hubo durante este proceso tiempo para pensar en los prejuicios sociales? Mi respuesta es no.  La obra que este artista creo, es la más pura representación de su interioridad.

Ahora, si escalamos este ejercicio mental a seres mayores, incluso adolescentes, ¿ocurrirán los mismos resultados?  Muy probablemente no, y solo en esporádicas situaciones (exluyendo a los artistas) podríamos ver facetas significativamente auténticas.  Es curioso que existen terapias con arte para personas síquicamente inestables, como mecanismos de entender parte de su estado mental.  El arte se convierte en un espejo, pero hay que saber quitar o remover ese curtido que se ha ido construyendo a lo largo de la vida.

Ser educado dentro del arte, con arte y a través de ella, es para mi un paso importante para la formación de personas concientes y centradas.  Crea un carácter para vivir, para esta vida.  Son personas que aunque sin saber que rumbo tomar, ni conocer la decisión acertada, la toman, se arriesgan.  El arte de ser educado (mediante el arte), es por tanto válido en caso activo como pasivo; es un valor que nos hace dignos de llevar en alto nuestro bien reconocido nombre científico.

Un mundo nuevo “en blog”

23. August 2015 § Leave a comment

Ya llevamos varios años oyendo el término “blog” o “bloggero”, como aquella actividad realizada por medio de redes sociales o páginas de internet para publicar temas personales o profesionales de interés.  Es una moda o una naciente necesidad? Es la nueva revolución de la manera como nos vamos a comunicar y compartir ideas? Podemos decir que cada usuario de facebook ya ha tenido una experiencia de lo que es un blog, al fin y al cabo este portal cumple un propósito similar, aunque de manera limitada.  No arranco de ceros.

Tener un blog parece que ha cautivado un poco mi interés.  Aunque siempre he tenido cierto recelo a sentarme enfrente de una hoja en blanco y teclear hasta conseguir una idea coherente, lo veo ahora como un ejercicio y en parte como un reto.  Primer paso dado.  La pregunta obvia a contestar ahora es ¿qué voy a publicar?, creo que la dejo abierta (por ahora), aunque existe una leve tendencia a dejar a un lado los temas profesionales y más bien iniciar un camino para explorar temas más relacionados con el diario vivir y las innumerables preguntas existenciales que aparecen con el simple hecho de estar.  Ojalá no solo logre contestarlas, sino que mis potenciales lectores no salgan desilusionados cuando se vean inmersos en quien sabe cuantas locuras dichas.  En fin.  Añado a mi vocabulario y a mi diario vivir el término de “bloggero”.  Vamos a ver que sale de esta emocionante empresa.